09 de Junio de 2026
11:35 hs
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Reza un dicho propio de las personas optimistas que nunca se sabe lo
que puede traer la marea. Algo así pudiera pensar quien, desconocedor de esta fiesta, se acercara anoche a la playa Salvé de Laredo y viera que las aguas habían traído hasta tierra a su Majestad el Emperador Carlos V de Alemania y Primero de España.
O tal vez creería estar viviendo el sueño de retroceder a otra época
ante la visión de miles de personas ataviadas con los ropajes típicos del siglo
XVI español. Sin embargo, se trataba de la duodécima edición de la recreación histórica del Desembarco de Carlos V, un festejo de Interés Turístico Regional, con previsión de ostentar dicho título a nivel nacional, algo que menos utópico desde anoche, dada la afluencia de personas vestidas de época, que no disfrazadas, como suelen decir los laredanos, y a la espectacularidad de los eventos preparados.
La organización del festejo, así como la ya habitual implicación de
laredanos y visitantes, deparó una jornada sin sobresaltos en la que la alegría
y los espectáculos fueron los reinantes, con permiso del propio rey, quien entonó su tradicional Salve al tomar tierra, antes que que 21 cañonazos sonaran en su honor.
Previamente la comitiva de autoridades había desfilado desde Comandante Villar
hasta el Palenque pasando por López Seña. Con el Presidente de Cantabria y el alcalde de Laredo a la Cabeza, y seguidos por una interminable procesión de damas engalanadas, bufones y juglares, llegaron al Palenque donde recibirían al Emperador. Seguidamente desfilaron por el Palenque las asociaciones de Laredo que colaboran con la fiesta, las Panchoneras, Son de Laredo, los Pejinos, la Peña del Tio Simón o la del Ruído.
Tras un anticipo de la justa medieval que se vivirá mañana en forma de combate a caballo con lanza y luego a espada entre dos caballeros, y la llegada del Sire, las autoridades pronunciaron su discurso de bienvenida. El regidor pejino, Ángel Vega, proclamó el "merecimiento de la villa de ser noble y leal" y presentó a Carlos V al nuevo Presidente de Cantabria, una persona, según Vega "honesta y trabajadora para superar las dificultades". Finalizó ordenando que se le entregase la llave de la villa "con la que abriría las puertas de nuestros hogares, y de nuestros corezones". Nacho Diego, por su parte, reconoció "los tiempos de crisis que se viven por estos bellos lares", y proclamó que "el margen de error es mínimo", pero tranquilizó al Sire anunciando que el puerto de Laredo "recuperará la posición de referencia que tuvo siempre en el Cantábrico", y que deja estas tierras "en las mejores manos".
Ante tan largo viaje por mar, y en previsión del que le espera por
tierra a su retiro en Yuste, el Emperador, su séquito, y más de medio millar de
Laredanos, hicieron acopio de fuerzas con una copiosa cena en el túnel de
Laredo con viandas como empanada de bacalao de los mares del Norte horneada en hojaldre Imperial, quesada del noble Valle del Selaya o té de los puertos
que puede traer la marea. Algo así pudiera pensar quien, desconocedor de esta fiesta, se acercara anoche a la playa Salvé de Laredo y viera que las aguas habían traído hasta tierra a su Majestad el Emperador Carlos V de Alemania y Primero de España.
O tal vez creería estar viviendo el sueño de retroceder a otra época
ante la visión de miles de personas ataviadas con los ropajes típicos del siglo
XVI español. Sin embargo, se trataba de la duodécima edición de la recreación histórica del Desembarco de Carlos V, un festejo de Interés Turístico Regional, con previsión de ostentar dicho título a nivel nacional, algo que menos utópico desde anoche, dada la afluencia de personas vestidas de época, que no disfrazadas, como suelen decir los laredanos, y a la espectacularidad de los eventos preparados.
La organización del festejo, así como la ya habitual implicación de
laredanos y visitantes, deparó una jornada sin sobresaltos en la que la alegría
y los espectáculos fueron los reinantes, con permiso del propio rey, quien entonó su tradicional Salve al tomar tierra, antes que que 21 cañonazos sonaran en su honor.
Previamente la comitiva de autoridades había desfilado desde Comandante Villar
hasta el Palenque pasando por López Seña. Con el Presidente de Cantabria y el alcalde de Laredo a la Cabeza, y seguidos por una interminable procesión de damas engalanadas, bufones y juglares, llegaron al Palenque donde recibirían al Emperador. Seguidamente desfilaron por el Palenque las asociaciones de Laredo que colaboran con la fiesta, las Panchoneras, Son de Laredo, los Pejinos, la Peña del Tio Simón o la del Ruído.
Tras un anticipo de la justa medieval que se vivirá mañana en forma de combate a caballo con lanza y luego a espada entre dos caballeros, y la llegada del Sire, las autoridades pronunciaron su discurso de bienvenida. El regidor pejino, Ángel Vega, proclamó el "merecimiento de la villa de ser noble y leal" y presentó a Carlos V al nuevo Presidente de Cantabria, una persona, según Vega "honesta y trabajadora para superar las dificultades". Finalizó ordenando que se le entregase la llave de la villa "con la que abriría las puertas de nuestros hogares, y de nuestros corezones". Nacho Diego, por su parte, reconoció "los tiempos de crisis que se viven por estos bellos lares", y proclamó que "el margen de error es mínimo", pero tranquilizó al Sire anunciando que el puerto de Laredo "recuperará la posición de referencia que tuvo siempre en el Cantábrico", y que deja estas tierras "en las mejores manos".
Ante tan largo viaje por mar, y en previsión del que le espera por
tierra a su retiro en Yuste, el Emperador, su séquito, y más de medio millar de
Laredanos, hicieron acopio de fuerzas con una copiosa cena en el túnel de
Laredo con viandas como empanada de bacalao de los mares del Norte horneada en hojaldre Imperial, quesada del noble Valle del Selaya o té de los puertos






