09 de Junio de 2026
11:40 hs
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NOTICIAS
Las inmediaciones de la plaza del Mercado de Abastos de Laredo asomaron a media tarde de ayer atestadas de legiones de pequeños con misivas en ristre esperando su turno para entregársela a los heraldos de los Reyes Magos.
Fue una tarde de colas, sonrisas nerviosas, algún que otro lloro e incluso “vértigos” como resumía Gonzalo su sensación de haber estado en el regazo de los pajes reales para entregar sus sueños en forma de carta de informal caligrafía.
Los atascos típicos de estas fechas motivaron un ligero retraso en la llegada de la comitiva oficial de unos asistentes de Sus Majestades acostumbrados al trajín de esta antesala de la gran Cabalgata de Reyes. Hubo quienes, pese a soportar durante largos minutos la espera para acceder a los “carteros” reales, echaron a correr en dirección contraria víctimas de un comprensible ataque de pánico ante la cercanía de tan importantes emisarios.
A darles la bienvenida acudió el alcalde, Ángel Vega, junto al segundo Teniente de Alcalde, Ramón Arenas, y a la edil de Turismo y Festejos, Laura Recio, quien se convirtió además en voluntaria cómplice de los Pajes a la hora del reparto del suculento chocolate con churros. La gélida tarde en la villa pejina convirtió en más oportuno que nunca un avituallamiento que se saldó con el inevitable cerco alrededor de los labios con el que los niños sancionan su visto bueno a tan sabroso convite.
A las ocho de la tarde aún hubo tiempo para que los más animados acudieran a la Iglesia de Santa María de Laredo. Allí dejaron envueltos los pajes otro de sus mágicos regalos en forma de concierto de la Orquesta de Laredo junto a una Escolanía Salvé cuyos integrantes cantaron varios villancicos cual si de ángeles se tratara. Un fin de fiesta que tuvo su broche al ritmo de la Marcha Radetzky acompasada con las palmas de un público entregado que disfrutó intensamente con el recital.
Fue una tarde de colas, sonrisas nerviosas, algún que otro lloro e incluso “vértigos” como resumía Gonzalo su sensación de haber estado en el regazo de los pajes reales para entregar sus sueños en forma de carta de informal caligrafía.
Los atascos típicos de estas fechas motivaron un ligero retraso en la llegada de la comitiva oficial de unos asistentes de Sus Majestades acostumbrados al trajín de esta antesala de la gran Cabalgata de Reyes. Hubo quienes, pese a soportar durante largos minutos la espera para acceder a los “carteros” reales, echaron a correr en dirección contraria víctimas de un comprensible ataque de pánico ante la cercanía de tan importantes emisarios.
A darles la bienvenida acudió el alcalde, Ángel Vega, junto al segundo Teniente de Alcalde, Ramón Arenas, y a la edil de Turismo y Festejos, Laura Recio, quien se convirtió además en voluntaria cómplice de los Pajes a la hora del reparto del suculento chocolate con churros. La gélida tarde en la villa pejina convirtió en más oportuno que nunca un avituallamiento que se saldó con el inevitable cerco alrededor de los labios con el que los niños sancionan su visto bueno a tan sabroso convite.
A las ocho de la tarde aún hubo tiempo para que los más animados acudieran a la Iglesia de Santa María de Laredo. Allí dejaron envueltos los pajes otro de sus mágicos regalos en forma de concierto de la Orquesta de Laredo junto a una Escolanía Salvé cuyos integrantes cantaron varios villancicos cual si de ángeles se tratara. Un fin de fiesta que tuvo su broche al ritmo de la Marcha Radetzky acompasada con las palmas de un público entregado que disfrutó intensamente con el recital.






