09 de Junio de 2026
11:37 hs
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Los vecinos acogen con ilusión unas obras que, a pesar de las incomodidades que habrán de ocasionarles durante los próximos días, se han hecho de rogar. Sólo hay que ver las “heridas de guerra” que se acumulan a lo largo y ancho de un trazado en el que coexisten adoquines, losas de piedra, baldosas, y tramos de hormigón. Todo ello bajo unas escorrentías que erosionan sin contemplaciones un subsuelo que no está para muchos trotes. Un puzzle descarnado que ahora afronta un lavado de cara tan necesario como inaplazable.
Por indicación directa del alcalde, Ángel Vega, el servicio de Disciplina Urbanística del Ayuntamiento emite a diario un parte de incidencias que resulta perentorio resolver. Tras los expedientes e informes ilustrados con profusión de fotografías, asoman situaciones como la de este enclave cuyos números impares conforman el cierre perimetral de la Puebla Vieja.
Garajes, portales y empresas como el taller de carpintería dan idea de un trasiego elevado en un punto en el que está previsto acometer, a medio plazo, una intervención integral que convierta los actuales problemas de solidez del firme en cosa del pasado. Pero hasta que llegue el ansiado pavimento impreso, toca recomponer unas losas cuya endeblez las hace saltar por los aires cada vez que un vehículo pesado hace una incursión por sus dominios.
Los trabajos de los operarios de la Brigada, coordinados por su responsable Jesús Jerez, han servido para adecentar con hormigón uno de los exteriores de la carpintería que hasta entonces sólo contaba con arena. Es quizás una de las mejoras más fáciles de captar a ojos de unos vecinos acostumbrados a escudriñar centímetro a centímetro de unas superficies sobreexplotadas en su papel de aparcamiento.
También se ha aprovechado para reforzar el muro de la finca que corona la calle. Pero donde más evidente resultará su paso es en los incontables agujeros que han ido ensanchándose a medida que se dilataba la intervención para repararlos. Allí han tocado sonoro fondo los bajos de muchos vehículos cuyos conductores ignoraban semejantes sorpresas.
Claro que para que el mortero fragüe se hace necesaria una bondad climatológica que, hasta el momento, se resiste a los integrantes de la popular “brigadilla”. Un imprevisto que prolongará más de lo deseable unos trabajos que, por el momento, se han limitado a acotar las zonas más tocadas y a “limpiar” los puntos en los que habrán de emplearse a fondo.
Cuando finalicen su misión, la Callejilla seguirá siendo igual de modesta en sus dimensiones, pero asomará orgullosa con sus heridas saneadas para soportar mejor la intensa circulación de quienes, a diario, afrontan en primera o segunda su pronunciada pendiente.






