06 de Agosto de 2026
18:34 hs
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Amanece el domingo con aires de despedida. Esta noche Laredo dirá adiós a Carlos V entregándole las llaves de oro de la villa. Un gesto con el que los pejinos tratarán de hacerle recapacitar sobre su intención de retirarse para siempre a Yuste. Los rumores más insistentes hablan de un Sire comprometido a volver cada mes de septiembre a Laredo para evocar los más brillantes momentos al frente de su vasto Imperio.

Abarrotado. Así asomó el pueblo veinticuatro horas después de atracar en su puerto la flota liderada por la nao Espíritu Santo. La noticia del desembarco corrió casi tan rápido como el anuncio de la exención del derecho de portazgo a todo aquel que acudiera a recibir al Sire. La consigna fue sabiamente interpretada en todos los rincones del reino. Y Laredo asomó literalmente colapsada por la fiesta.
El Mercado Renacentista se convirtió en punto de referencia para gentes deseosas de prodigarse algún capricho material para inmortalizar tan histórica cita. A escasa distancia de allí, el Mercado de Las Artes se consolidó como el destino ideal para los más pequeños, deslumbrados ante el catálogo de juegos y entretenimientos desplegados por la organización, paseos en dromedario incluidos.

El palenque dispuesto a la entrada de la playa acogió un torneo entre los más habilidosos y aguerridos caballeros de la Corte. Sus graderíos atestados de nobleza y pueblo llano rugieron enfervorecidos ante cada lance de los contendientes. Finalmente, don Luis, el del estandarte negro, se hizo con el triunfo tras desplegar un repertorio de malas artes imprescindible para los aspirantes al cuestionable honor de villanos. Quizás hubiera sido otro su porte de haber disfrutado del la preciosa comedia “La Doncella Guerrera” a cargo de Camaleón Teatro. Una pieza de espléndida belleza en el que acabaron saltando chispas de pasión ante el entusiasmo de la grada.

El desfile de la Corte volvió a congregar en las márgenes de las calles a una multitud admirada por semejante derroche de elegancia. Las palabras de admiración por la riqueza de los ropajes competían con el ímpetu de los más entusiasmados, que no escatimaban sus vivas al Emperador. Un Carlos V ya repuesto del pantagruélico homenaje que se dio a sí mismo en el interior del Túnel, degustando con avidez unos manjares de los que cuesta imaginarle alejado a pesar de su intención de acomodarse al estilo de vida de los frailes de Yuste.
A partir de las 21:00 horas comenzará a organizarse la partida del séquito imperial al pie de la plaza Cachupín. Un fin de fiesta en el que la luz y el fuego volverán a ser protagonistas. Los artesanos del bronce más habilidosos están citados a esa misma hora con un reto extraordinario: ser capaces de esculpir el busto del Sire para inmortalizar su presencia en Laredo. Los cronistas lo tienen claro: la villa tardará siglos en olvidar tan magno acontecimiento. El tiempo dirá si llevan o no razón.






