06 de Agosto de 2026
18:36 hs
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Rachas de viento airadas despejaron el camino para una apresurada partida de Carlos V hacia Yuste tras tres multitudinarias jornadas de fiesta en Laredo. Hasta el último minuto se mantuvo la impresionante afluencia de público llegado a la villa para agasajar al Emperador. Un ilustre visitante que guardó como oro en paño las llaves de la ciudad, abrumado con tantas muestras de cariño cosechadas en un reencuentro con la historia saldado con un éxito abrumador.
Aún en su despedida tuvo palabras de afecto para con un pueblo volcado en contradecir los libros de Historia que describieron como gélida su arribada en aquel lejano 1556. Nada que ver con esta decimotercera recreación en la que miles de personas encajaron a la perfección en el guión de una coreografía magistralmente diseñada por la empresa De la Fuente. Años de experiencia plasmados en un espectacular nivel artístico de las compañías llegadas de todos los puntos de España para brindar lo mejor de sus respectivos repertorios. El fin de fiesta congregó a todos ellos en la plaza de Cachupin, junto al busto del Emperador, para ofrecer un minúsculo resumen de lo mucho y bueno que han deparado cuatro jornadas de inolvidable fiesta.
Una vez más las aceras volvieron a poblarse de gentes encantadas con la puesta en escena y deseosas de nuevas exhibiciones de arte, humor e ingenio, pendientes de una pantalla gigante en la que se pudo ver con más nitidez que nunca el tramo final de una función que camina con paso firme hacia cotas ambiciosas. El próximo reto se llama Fiesta de Interés Turístico Nacional. Un título que, cuando llegue, lo hará con retraso frente a lo que ya ha sancionado el pueblo, tomando pacíficamente las calles laredanas para impregnarse de un festejo único.
El último desfile por las viejas rúas llevó al Emperador hasta el Portalón de Santa María, donde pudo degustar el manjar ganador de la III edición de la Tapa Imperial. Delicia gastronómica en una tierra de buen yantar cuyos restaurantes casi debieron colgar el cartel de completo debido a la incesante llegada de visitantes. El paso de la comitiva por el Mercado Renacentista y por un celebrado Mercado de las Artes convertido en el centro de las ilusiones infantiles certificó la acertada puesta a punto de una celebración capaz de ocupar calles y aceras sin dar sensación de agobio.
Pasada la medianoche apenas quedaba rastro de una presencia imperial que a mediados de octubre volverá a brindar un pequeño resplandor. Será con motivo de una nueva edición de la Ruta que llevará al Sire hasta Medina de Pomar, camino de tierras extremeñas. Hasta entonces el duque de Heineken quedará al mando de un destacamento que ha brillado con luz propia con un saber hacer propio de quienes ponen toneladas de cariño en mimar hasta los más pequeños detalles.






