06 de Agosto de 2026
18:33 hs
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El Santuario de la Bien Aparecida lució el sábado sus mejores galas para acoger la ordenación sacerdotal del joven Alejandro Venero Hoyo. Cientos de laredanos, paisanos del nuevo cura, asistieron a una emotiva ceremonia presidida por el obispo de la diócesis de Santander, Vicente Jiménez Zamora, y concelebrada por casi medio centenar de oficiantes. Su Santidad el Papa Benedicto XVI envió su bendición apostólica en una ocasión tan especial.
El acto religioso estuvo repleto de guiños de complicidad hacia el nuevo presbítero, feliz de verse rodeado de sus padres, hermanos, y seres queridos, en un momento tan crucial de su andadura vital. Tampoco faltó el alcalde de Laredo, Ángel Vega, quien acudió junto al concejal de Organización y Régimen Interior, Ramón Arenas, para hacerle entrega de un escudo de su villa natal, como expresión del orgullo por una ordenación largamente esperada entre sus convecinos.
Con todo el boato que ocasión tan excepcional merece, el hasta entonces diácono quedó postrado a los pies del altar de Nuestra Señora la Bien Aparecida mientras comenzaba el canto de las letanías. Previamente tuvo lugar la ceremonia de imposición de manos mediante la que el Obispo certificó el acceso al ministerio sacerdotal del joven Alejandro. La unción con el sagrado crisma de las palmas de sus manos dio paso al momento del abrazo con el que todos los oficiantes dieron la bienvenida al nuevo pastor.
Las primeras palabras del nuevo sacerdotelas dedicó a expresar su profundo agradecimiento “a Dios y a cuantos me han acompañado y apoyado en este camino de la fe”. Un repaso en el que destacó la mención al llorado padre Andrés Ruiz Sagarna, a quien evocó “por la huella que dejaste en el niño inquieto y travieso que cada domingo te ayudaba como monaguillo en Tarrueza”. Aquella etapa fue el auténtico detonante de una vocación que le llevó a asumir los hábitos de la Orden Trinitaria, los mismos de su mentor, bajo el nombre de fray Alejandro.
El recién ordenado sacerdote también quiso saludar la presencia de los religiosos con los que ha compartido alguna de las etapas de su formación, que se inició con las Hermanas de la Caridad, siguió en Torreanaz y culminó en la Universidad Pontificia de Salamanca y en el noviciado realizado en Latinoamérica. Palabras plenas de cariño que también orientó hacia el alcalde de Laredo, y demás autoridades, “por acudir dejando a un lado la fiesta de Carlos V. Todo un detalle”, insistió. Asimismo, expresó su reconocimiento y admiración hacia la agrupación cultural “Panchoneras de Laredo”, que bajo la batuta de su director Alfonso Oruña, solemnizaron un evento cargado de mucho simbolismo para todos ellos y para quien afirmó sentirse “un panchonero más”.
Su intervención la cerró con una frase evangélica que encierra toda una declaración de intenciones. “No he venido a ser servido, sino a servir”, concluyó dando pie a una cerrada emoción de todos los asistentes, muchos de los cuales acudieron el domingo al mismo escenario para asistir a la primera misa celebrada por el nuevo presbítero.






