06 de Agosto de 2026
14:48 hs
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NOTICIAS
Catorce atletas de Laredo protagonizaron ayer domingo una espectacular prueba por relevos que les llevó desde la villa pejina hasta Medina de Pomar. Setenta y un kilómetros de carrera a pie planificados con el objetivo de asistir a la llegada de la Ruta de Carlos V al majestuoso enclave burgalés. Un nuevo aliciente para una marcha repleta de atractivos paisajísticos, lúdicos y culturales.
Cuando el sábado se puso en marcha el séquito imperial integrado por un centenar de caminantes, pocos sabían que, veinticuatro horas después, saldrían a su encuentro unos tragamillas empeñados en llevar adelante su aventura a pesar de que el parte climatológico invitaba a quedarse en casa.
La proeza de estos deportistas, integrantes en su mayoría del Club Atlético Laredo, así como del Auresa-Amigos del Deporte, comenzó a las siete de la mañana junto al viejo Ayuntamiento de Laredo. Al pie del busto erigido en honor de Carlos V, la concejal de Turismo y Festejos, Laura Recio, acudió a darles la salida, admirada con la determinación de quienes tenían por delante una larga jornada de esfuerzos y escasos metros de visibilidad a tan tempranas horas.
Con el primer relevo cubriendo los kilómetros iniciales entre Laredo, Colindres y Limpias, la lluvia comenzó a plantear su desafío, primero de forma tímida, y posteriormente desatando toda su furia. El impresionante aguacero descargado al paso de los corredores por el puerto de Los Tornos acrecentó la dureza de un trazado, ya de por sí infernal por sus empinadas pendientes. Ni siquiera entonces se ahogó el buen humor de unos deportistas que se toparon en tan inhóspito lugar con decenas de sorprendidos viandantes que, tan empapados como ellos a horas tan inusuales, explicaban haber salido al monte “a recoger setas”.
Más atrás, a la altura de Covalanas, consiguieron dar alcance a los andarines, que estaban preparándose a afrontar la parte más complicada de su ruta campo a través. Saludos de mutua admiración rompieron la monotonía de unas pisadas empapadas dispuestas a internarse en los densos bancos de niebla que, literalmente, se tragaron a ambas expediciones durante largos momentos.
Cálida bienvenida
Coronada la cima de la jornada, el descenso hacia Medina de Pomar coincidió con una pequeña tregua de agua, lo que aprovecharon los corredores para avivar un ritmo siempre por debajo de los cinco minutos el kilómetro, hasta totalizar cinco horas y 37 minutos en consumar su hazaña. Una bandera de Laredo colocada a modo de capa sobre la espalda de uno de los participantes evidenciaba en este tramo final el intacto sentido del humor de toda la expedición.
Su llegada a Medina de Pomar se realizó entre ovaciones y vítores del elenco de personajes de la corte Imperial, reforzados por los grupos artísticos que han brindado su espectáculo a lo largo de los municipios cántabros, vascos y castellanos por los que ha transitado la Ruta.Allí fueron recibidos por el propio alcalde de Laredo, Ángel Vega, orgulloso con la gesta de estos valientes. Una cálida acogida que dejó en anecdótica la necesidad de ducharse con agua fría en el polideportivo burgalés. Tras presenciar los actos oficiales de recibimiento a los integrantes de la Marcha de Carlos V, los atletas se sumaron a la rica comida servida para más de quinientas personas a base de queso, alubias del país y una sabrosa morcilla de Burgos, todo ello regado con buen vino de la tierra, postre de hojaldre y crema y un chupito de orujo cántabro que terminó de recuperar el buen tono de unos auténticos campeones. Muchos ya cuentan con reeditar la experiencia el año que viene, haciendo inevitable el recuerdo de aquella carrera que hace dos años les llevó de Laredo a Yuste en una iniciativa que, junto a la de ayer, sigue haciendo historia aprovechando los estrechos lazos de un tal Carlos V con Laredo.






