06 de Agosto de 2026
01:13 hs
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Medio centenar de trabajadores del Ayuntamiento de Laredo se dieron cita en el homenaje a Antonio Blanco Calle, “Tonio el del agua”, con motivo de su jubilación. La reunión sacó a relucir el perfil más divertido de quien se retira tras 41 años de servicio en los que ha visto cómo los avances técnicos han mejorado la calidad con la que hoy, sus compañeros de la Brigada de Obras, afrontan su día a día.
Nada que vercon la situación que encontró, allá por 1972, un jovencísimo Antonio recién licenciado del servicio militar cumplido en El Ferrol. “A mí me ha tocado venir andando desde el Puntal hasta el viejo Ayuntamiento con la herramienta al hombro, o con la carretilla”, recuerda. Tampoco ha olvidado que su primer sueldo en su nuevo trabajo “ascendió a mil cinco pesetas de las de entonces”, cuenta mientras trata de ordenar sus recuerdos.
“Cuando yo llegué estaban como responsables Miguel “Pucherete” y Rafael Sánchez Medina. Ambos coordinaban lo que era la Brigada de Obras. Un poco más adelante ya se desgajó el servicio de aguas, con Rafa como responsable, y yo quedé vinculado a esta nueva área”. Desde entonces ha estado a pie de tajo este consumado especialista en “fugas, goteos, rumbos y escapes”, según jocosa descripción de sus compañeros que él encaja sin perder la sonrisa.
Una experiencia que le sirve para saber casi de memoria cada conducción de abastecimiento y saneamiento que recorre el subsuelo laredano. Con el añadido de ser de los pocos que pueden lucir en su expediente haberse adentrado en las entrañas del “bullón”, “entre la curva de maderas y la plaza de la Constitución, con tramos en los que tenías que pasar agachado”, explica.
Entre sus recuerdos, inundaciones como la vivida este año, multiplicada por varios enteros allá por los años 80, “en una festividad de San Antonio”, donde hubo que asistir a gente incluso desde pequeñas embarcaciones. Tampoco olvida etapas de sequía que obligaban aaprovechar el agua captado mediante “púas” a la altura de distintas residencias para bombearla al depósito ubicado en la trasera del Polideportivo. Única alternativa para abastecer a todo el municipio.
En su última etapa asumió el volante del vehículo de reparto de material y traslado de sus compañeros. Una “milingo”, como él la bautizó y de cuyo panel de mandos obtuvo ayer una reproducción elaborada artesanalmente por sus amigos de trabajo. Obra de ingeniería que rivalizó en ingenio con el mural realizado a base de retorcer pequeñas conducciones para formar “Tonio”, su nombre de guerra,en soberbios caracteres de cobre.
Para el momento de agasajarle con semejantes obsequios ya se habían entonado unas cuantas rancheras, auténtica debilidad del protagonista que, en consonancia a dicha afición, también recibió un sombrero mexicano. Un chaleco reflectante y un reloj completaron el desfile de presentes para con un tipo que, en adelante, aprovechará para volcarse en su hobby preferido, las largas caminatas, “aunque ya les he dicho que, si me necesitan, saben que pueden contar conmigo”.
El alcalde de Laredo, Ángel Vega, presente en el acto junto a varios miembros del equipo de Gobierno, agradeció a Antonio Blanco “por tantos años de dedicación, siempre al pie del cañón, que han servido para que te ganes el cariño y el reconocimiento del Ayuntamiento y de los ciudadanos. Tienes abiertas las puertas, y deseo de corazón que la nueva vida te traiga alegría y satisfacción y que disfrutes de este tiempo de descanso”, concluyó.






