05 de Agosto de 2026
01:42 hs
01:42 hs
NOTICIAS
El séquito de quien fuera todopoderoso Emperador Carlos V transita ya hacia tierras extremeñas camino del monasterio jerónimo de Yuste. Hasta allí habrán de seguirle en forma de ensueño los destellos de una breve pero intensa estancia en Laredo. Una villa en cuyo bullicioso puerto se despidió para siempre del mar padeciendo en carnes propias el furor del Cantábrico embravecido. Su ligero equipaje incluye las llaves de una villa entregadas por un Corregidor exultante por la modélica acogida dispensada al otrora todopoderoso Sire por un pueblo llano entregado con deleite a unos fastos que tardarán en olvidarse.

Junto a la antigua Casa Consistorial, contemporánea del Emperador, se ha oficiado una sencilla pero entrañable ceremonia de despedida en la que han tomado parte gran parte de las Compañías encargadas de sembrar la animación por todos los rincones de la villa. Todos han echado el resto para deleitar a un Carlos V conquistado porla sencillez, simpatía y familiaridad de unos vecinos que dominan el arte de la acogida como corresponde a destinos de postín como Laredo.
Su paseo matinal ha tenido como destino la fonda “Las Vegas” en la que han ingeniadola más sabrosa de la veintena de tapas elaboradas en su honor por los mejores cocineros de este enclave privilegiado para los amantes del buen yantar. Nadie ha osado incomodar a su eminencia mentándole la necesaria austeridad en sus ingestas habida cuenta de que se acumulan sus padecimientos por esa tendencia a degustar más allá de lo saludable cuanto manjar se ponga a su alcance.
Desfile infantil
La novedad ha llegado por la tarde, cuando ha querido complacer a tan fieles súbditos organizando un reclutamiento de jóvenes para convertirlos en caballeros y doncellas de la Corte en cuanto alcancen edad para ello. Los niños y niñas que han aceptado el desafío de desfilar en una pasarela de doce metros han gozado del honor de ser inmortalizados junto al Sire ajenos al orgullo con el que seguían la escena sus padres. El riesgo de perder de vista a los pequeños durante meses o incluso años se compensa con creces ante la certeza de que estudios y bienes no habrán de faltar en sus alforjas. Un certamen infantil que ha incluido su propia moraleja, al detectar el Sire la picaresca de una familia con vástagos entrados en años que quisieron embaucar al Sire y acabaron siendo destinados a limpiar las porquerizas de la Corte.
La novedad ha llegado por la tarde, cuando ha querido complacer a tan fieles súbditos organizando un reclutamiento de jóvenes para convertirlos en caballeros y doncellas de la Corte en cuanto alcancen edad para ello. Los niños y niñas que han aceptado el desafío de desfilar en una pasarela de doce metros han gozado del honor de ser inmortalizados junto al Sire ajenos al orgullo con el que seguían la escena sus padres. El riesgo de perder de vista a los pequeños durante meses o incluso años se compensa con creces ante la certeza de que estudios y bienes no habrán de faltar en sus alforjas. Un certamen infantil que ha incluido su propia moraleja, al detectar el Sire la picaresca de una familia con vástagos entrados en años que quisieron embaucar al Sire y acabaron siendo destinados a limpiar las porquerizas de la Corte.
El estruendo de la pirotecnia ha iluminado el cielo de nostalgia ante la inminencia de una partida que todos han lamentado porque habrá de traducirse en considerable en retorno a la normalidad. Los mercaderes y artesanos se han apresurado a recoger sus existencias sabedores de que, sin nobles a quienes agasajar, en Laredo se impondrá el retorno a una cotidianeidad tan saludable como poco estimulante para sus cuentas. La nao Espíritu Santo quedará amarrada mientras reparan los daños sufridos en el temporal. Y las carretas llegadas desde Burgosiniciarán su lento pero imparable retorno camino de nuevas cargas con las que garantizar el sustento de aquellas gentes. Más lejos aún, hasta tierras italianas, partirán los abanderados que, junto al hombre de la Bola, los maestros de cetrería, los comediantes, músicos y bufones, han contribuido a convertir el final del verano en Laredo enun acontecimiento inolvidable. ¡Larga vida al Emperador!






