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UN MULTITUDINARIO ENTIERRO DE LA SARDINA DESPIDE EL CARNAVAL EN LAREDO
08 de Marzo de 2014
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Cientos de personas se han sumado esta tarde al entierro de la sardina con el que Laredo ha puesto el broche al Carnaval 2014. El sepelio ha congregado a un nutrido cortejo de viudos y viudas que de luto riguroso han acompañado a la finada en su trayecto desde la Puebla Vieja hasta la playa Salvé. Los chicos del taller Moowan han vuelto a tirar de oficio para lograr que la difunta pareciera revivir entre vaivenes y vertiginosos ascensos y descensos por las angostas rúas del Casco Histórico pejino. Ninguno de esos quiebros ha librado a la infortunada de su cita con el destino al llegar al arenal pejino, donde ha ardido con estrépito entre el llanto de sus allegados.
Poco antes de las ocho de la tarde la plaza de la Constitución se ha ido poblando de dolientes y curiosos para asistir al desenlace de un acontecimiento que cada año depara distintas sorpresas en un guión confeccionado con mimo desde el área de Turismo y Festejos del Ayuntamiento. Los integrantes del grupo de Teatro Aldaba han dado vida a una representación en clave jocosa sobre los innumerables lances entre don Carnal y doña Cuaresma sazonada de guiños al enclave pejino. La enorme raspa de una ballena se ha convertido en improvisado decorado de una actuación que ha culminado con la inevitable lucha entre dos antagonistas que han conseguido arrancar la ovación del respetable.
A continuación la fúnebre comitiva se ha abierto paso a ritmo de las peñas del Tío Simón y del Ruido, para iniciar el ascenso de la Ruamayor hasta la confluencia con la calle San Martín. En su periplo los porteadores de la sardina han puesto a prueba sus reflejos bajo las órdenes de un Blas Camino igual de exultante que siempre contemplando la entrega de sus colaboradores en el modelado de la artística talla. El descenso por la calle Santa María hasta la calle del Revellón se ha desarrollado a un ritmo vertiginoso que se ha frenado a la altura del antiguo Ayuntamiento para ofrecer los giros de rigor para disfrute de los espectadores.
Enfilada la calle López Seña, el séquito se ha adentrado en un arenal presidido por una enorme duna de arena fresca dispuesta días atrás para neutralizar los embates del temporal. A sus pies se ha improvisado una pira con cajas y cartones que han ardido con fuerza al contacto con una pequeña antorcha. En cuestión de segundos la enorme sardina y su réplica a escala portada por media docena de niños han quedado convertidas en ceniza. Una sonora traca pirotécnica ha puesto el punto final a un duelo que ha sido despedido entre ovaciones por un público que, aprovechando la bonanza del tiempo, se ha desplegado por las calles de Laredo para disfrutar de una noche teñida de un luto festivo en una de las villas en las que el Carnaval se vive con una intensidad desbordante.






