07 de Agosto de 2026
13:19 hs
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Un bombón artesanal elaborado a partir de una selección de chocolates de gran pureza, con añadido de avellanas y semillas escogidas y un ligero toque de vainilla para prolongar la agradable sensación en el paladar. Así describe el repostero pejino, Luis Fernández, sus “Caprichos del Emperador”. Un dulce llamado a convertirse en el souvenir más goloso de Laredo.
La exquisitez de esta delicatesen se suma al logrado estuche en el que comercializarán un producto que ayer presentaron al alcalde de Laredo, Ángel Vega. El regidor pejino se mostró “encantado” con la iniciativa y dio fe de lo sabroso de un producto llamado a recabar elogios como nuevo embajador de las excelencias gastronómicas pejinas. “Llevaba muchos años buscando un postre que caracterizara a Laredo, por el que nuestro pueblo pudiera ser promocionado”, explicó Vega. “Creo que han conseguido un magnífico resultado, un dulce con una textura y un sabor excelentes, al que auguro un porvenir muy importante”.
Sus creadores explican cómo dieron con la idea. “Queríamos algo que identificase dignamente a Laredo, y que a la vez, nos permitiera poner de relieve nuestra segunda gran fiesta, el Desembarco de Carlos V”. Los libros de historia les aportaron la pista definitiva. “Fue bajo el reinado del Emperador cuando el chocolate se introdujo en todas las cortes europeas, y por tanto, ahí encontramos la materia prima a partir de la cual proyectar nuestra creatividad”.
Un trabajo de meses de infructuosa búsqueda para dar con algo extraordinario. El resultado son unas “piezas” muy especiales, únicas como todo aquello elaborado a mano, y que guarda notables diferencias con los bombones industriales tanto por la selecta composición de sus ingredientes, como por su peculiar textura, y por la explosión de sabor que desencadena una vez dentro de la boca.
Precioso estuchado
Su pretensión de otorgarle resistencia para facilitar su conservación y transporte hasta el lugar más recóndito del planeta, complicó aún más el proceso, con el tueste previo de las semillas en el horno. O con ese sabor de vainilla conferido a partir de humidificar el azúcar antes de deshidratarlo, para proporcionar ese toque de frescura que se desencadena al saborearlo. “El primer contacto en boca tiene que ser de idilio”, explica Luis con orgullo.
Su hijo Alexis es el artífice de una decoración exterior del estuche a la altura de los soberbios bocados que contiene su interior. Un fotomontaje con la silueta del Emperador junto a una panorámica nocturna de la villa presidida, en primer plano, por una explosión floral alegórica a la centenaria Batalla de Flores. “Un guiño inequívoco a Laredo”, explica su artífice, mientras enseña en el reverso del envase el texto que pondera la fiesta del Desembarco, subrayando el vínculo del Emperador con la villa pejina y con la popularización del chocolate.
A falta de rematar algunos detalles para tener ultimado el producto, desde del Ayuntamiento ya se han brindado para respaldar una presentación con formato de degustación para promocionar su salida al mercado. Una llegada a las estanterías que permitirá que a las corbatas de Unquera, las polkas de Torrelavega o las Pantortillas de Reinosa –entre otros exponentes de la repostería regional- se sumen, en adelante, los “Caprichos del Emperador” de Laredo.
Sus creadores explican cómo dieron con la idea. “Queríamos algo que identificase dignamente a Laredo, y que a la vez, nos permitiera poner de relieve nuestra segunda gran fiesta, el Desembarco de Carlos V”. Los libros de historia les aportaron la pista definitiva. “Fue bajo el reinado del Emperador cuando el chocolate se introdujo en todas las cortes europeas, y por tanto, ahí encontramos la materia prima a partir de la cual proyectar nuestra creatividad”.
Un trabajo de meses de infructuosa búsqueda para dar con algo extraordinario. El resultado son unas “piezas” muy especiales, únicas como todo aquello elaborado a mano, y que guarda notables diferencias con los bombones industriales tanto por la selecta composición de sus ingredientes, como por su peculiar textura, y por la explosión de sabor que desencadena una vez dentro de la boca.
Precioso estuchado
Su pretensión de otorgarle resistencia para facilitar su conservación y transporte hasta el lugar más recóndito del planeta, complicó aún más el proceso, con el tueste previo de las semillas en el horno. O con ese sabor de vainilla conferido a partir de humidificar el azúcar antes de deshidratarlo, para proporcionar ese toque de frescura que se desencadena al saborearlo. “El primer contacto en boca tiene que ser de idilio”, explica Luis con orgullo.
Su hijo Alexis es el artífice de una decoración exterior del estuche a la altura de los soberbios bocados que contiene su interior. Un fotomontaje con la silueta del Emperador junto a una panorámica nocturna de la villa presidida, en primer plano, por una explosión floral alegórica a la centenaria Batalla de Flores. “Un guiño inequívoco a Laredo”, explica su artífice, mientras enseña en el reverso del envase el texto que pondera la fiesta del Desembarco, subrayando el vínculo del Emperador con la villa pejina y con la popularización del chocolate.
A falta de rematar algunos detalles para tener ultimado el producto, desde del Ayuntamiento ya se han brindado para respaldar una presentación con formato de degustación para promocionar su salida al mercado. Una llegada a las estanterías que permitirá que a las corbatas de Unquera, las polkas de Torrelavega o las Pantortillas de Reinosa –entre otros exponentes de la repostería regional- se sumen, en adelante, los “Caprichos del Emperador” de Laredo.






