07 de Agosto de 2026
13:18 hs
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Fue un pionero en la defensa del patrimonio arbóreo de Laredo. Junto a su amigo Antonio Estrada, inventarió todos los ejemplares existentes en el municipio. Gracias a sus indicaciones y propuestas, Laredo multiplicó por cinco la diversidad de su arbolado, pasando de treinta a más de un centenar las especies presentes en la villa pejina. Esta circunstancia convirtió al enclave costero en un lugar puntero a nivel de toda España en cuanto a variedad de árboles en relación a la población. Y sirvió para que la conciencia ambiental sembrada a lo largo de toda su vida por José María Martínez de Rituerto Arriaga echase unas profundas raíces entre sus convecinos.
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La Asociación Cultural Bosques de Cantabria, de la que formó parte desde su fundación, realizó el pasado sábado un sencillo pero entrañable homenaje a quien fuera uno de sus más entusiastas impulsores, al cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento. El acto, al que asistieron su viuda Pepita, sus hijos y nietos, así como el alcalde, Ángel Vega, y la concejal de Medio Ambiente, Pilar Santisteban, se desarrolló en una de las esquinas de la Alameda de Miramar. Precisamente dicho jardín reúne un amplio muestrario de las más exóticas variedades que se pueden encontrar en el municipio. Árboles que gracias al homenajeado pasaron de asumir la denominación genérica de la especie a tener una identidad propia, fruto de la pasión con la que Rituerto asumió el reto de reivindicar la dignidad de cada ejemplar.
La suya fue una labor de años recorriendo palmo a palmo cada calle laredana e inventariando especie, estado de conservación y ubicación de cada árbol. Suya es la inspiración de los carteles que aún en la actualidad explican a pie de la Alameda -así como en los Parques de los Tres Laredos y de Cenon- la disposición de los distintos árboles. En base a sus orientaciones,el consistorio pejino acometió una importante labor de replantado de un patrimonio vegetal sobre cuyo correcto mantenimiento y poda también brindó las oportunas recomendaciones.
En una cita cargada de simbolismo y conducida por Clemente Rasines, presidente de Bosques de Cantabria,el principal protagonismo recayó en el ejemplar elegido para perpetuar la memoria de este laredano de adopción. Un “Ginkgo Biloba”, el árbol más longevo del mundo, del que existen ejemplares milenarios en China. Además, se trata de una especie datada hace 270 millones de años, preexistente a los dinosaurios. Y, lo que es igual de sorprendente, totalmente inmune a enfermedades y plagas. Baste decir que la bomba de Hiroshima cayó junto a cuatro Ginkgos que a día de hoy siguen en pie.
Un árbol con grandes propiedades terapéuticas por el que José María sentía gran predilección, y que en Laredo, a instancias suyas, asoma en una hilera de la Avenida de los Derechos Humanos.
De apariencia frágil y seca, el joven ejemplar recién plantado el sábado sólo requerirá un par de meses para exhibir su apuesto porte junto al transformador de la Alameda. Allí crecerá y resolverá otro de los enigmas de la jornada, su condición de “macho o hembra”, incertidumbre característica en estos árboles dioicos.
Quienes no tendrán ninguna duda a la hora de interpretar su presencia serán quienes se acerquen a la placa que descubrieron el propio alcalde y la viuda de José María, encabezada por los escudos de Laredo y de Bosques de Cantabria. En ella se puede leer la siguiente leyenda: “Árbol Sagrado: Ginkgo biloba. Este árbol fue plantado el 7 de abril de 2012 en homenaje a José María Martínez de Rituerto Arriaga (1929-2011). Entusiasta defensor de la naturaleza y gran conocedor de nuestros árboles, pionero en los estudios del arbolado urbano de Laredo. Con el cariño de sus compañeros de la Asociación Cultural Bosques de Cantabria”.
La suya fue una labor de años recorriendo palmo a palmo cada calle laredana e inventariando especie, estado de conservación y ubicación de cada árbol. Suya es la inspiración de los carteles que aún en la actualidad explican a pie de la Alameda -así como en los Parques de los Tres Laredos y de Cenon- la disposición de los distintos árboles. En base a sus orientaciones,el consistorio pejino acometió una importante labor de replantado de un patrimonio vegetal sobre cuyo correcto mantenimiento y poda también brindó las oportunas recomendaciones.
En una cita cargada de simbolismo y conducida por Clemente Rasines, presidente de Bosques de Cantabria,el principal protagonismo recayó en el ejemplar elegido para perpetuar la memoria de este laredano de adopción. Un “Ginkgo Biloba”, el árbol más longevo del mundo, del que existen ejemplares milenarios en China. Además, se trata de una especie datada hace 270 millones de años, preexistente a los dinosaurios. Y, lo que es igual de sorprendente, totalmente inmune a enfermedades y plagas. Baste decir que la bomba de Hiroshima cayó junto a cuatro Ginkgos que a día de hoy siguen en pie.
Un árbol con grandes propiedades terapéuticas por el que José María sentía gran predilección, y que en Laredo, a instancias suyas, asoma en una hilera de la Avenida de los Derechos Humanos.
De apariencia frágil y seca, el joven ejemplar recién plantado el sábado sólo requerirá un par de meses para exhibir su apuesto porte junto al transformador de la Alameda. Allí crecerá y resolverá otro de los enigmas de la jornada, su condición de “macho o hembra”, incertidumbre característica en estos árboles dioicos.
Quienes no tendrán ninguna duda a la hora de interpretar su presencia serán quienes se acerquen a la placa que descubrieron el propio alcalde y la viuda de José María, encabezada por los escudos de Laredo y de Bosques de Cantabria. En ella se puede leer la siguiente leyenda: “Árbol Sagrado: Ginkgo biloba. Este árbol fue plantado el 7 de abril de 2012 en homenaje a José María Martínez de Rituerto Arriaga (1929-2011). Entusiasta defensor de la naturaleza y gran conocedor de nuestros árboles, pionero en los estudios del arbolado urbano de Laredo. Con el cariño de sus compañeros de la Asociación Cultural Bosques de Cantabria”.






