07 de Agosto de 2026
13:24 hs
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Se estrenó el último día del año 1956 y poco más se supo de una pieza singular que lleva la firma del inolvidable compositor don Luis Casta. El mítico director de la Banda de Música Municipal rompió con esta obra una tradición que ilustra su modestia y que se concreta en su renuncia a registrar oficialmente ninguna de sus creaciones. El empeño que puso Emiliano Salcines “el Marrajo”, autor de la letra del “Canto a Laredo”, llevó a don Luis a inscribir formalmente bajo su propiedad una partitura que Loli Casta, hija del maestro, entregó recientemente en la alcaldía a Ángel Vega.
Un obsequio que llenó de orgullo a un mandatario dispuesto a que, en un plazo no muy lejano, la melodía contenida en los pentagramas vuelva a sonar bajo la interpretación de la legión de nuevos músicos que han recogido el testigo de aquél artista nacido en 1884 y que falleció en el año 1968, dejando tras de sí un recuerdo imborrable.
Ilustre pejino al que se evoca con un estribillo que recitan en Laredo quienes atesoran más de cuarenta primaveras y que se resumen en aquello de: “Don Luis, ¿qué tocamos? …Lo de siempre”. Una expresión que saltó incluso al ámbito popular para referirse a la reiteración de alguien en una misma actitud o argumento, y que, en origen, aludía a aquellas siete piezas que marcaban el programa de las actuaciones de la Banda en el balcón de la antigua casa consistorial.
El Canto a Laredo es una oda que aúna los sentimientos por su villa de adopción de este nativo de Logroño que recaló en Laredo porque su padre, capitán del ejército isabelino, fue destinado a la guarnición destacada en el fuerte del Rastrillar. El tono poético y enfático de las letras se debe a otro vecino igualmente de renombre: Emilio Salcines. Hijo de “la Marraja”, suyo fue uno de los primeros estudios serios sobre los motes que de siempre han sido tan populares como apelativo del paisanaje pejino. Al igual que otros dos hermanos suyos, Emiliano optó por cruzar el charco y afincarse en Estados Unidos. Como curiosidad, su primogénito del mismo nombre ha sido primero Fiscal y luego Juez de la Corte de Apelaciones del Tribunal de Tampa, en Florida.
Loas entusiastas a la villa
“Te fundaron los celtas y cántabros bravíos/ puerto augusto, por nombre, te dieron los romanos/. Fuiste Bastión de España con flecos soberanos/ y a tu rada llegaron los mejores navíos”.
Así arranca una loa a aquel pueblo marinero del que tan orgullosos se sintieron ambos compositores. “El Quijote enaltece la sangre de los míos/ en los tiempos gloriosos de los siglos lejanos/ dejan en Nueva España Laredos Mejicanos/ y se improvisan velas sobre los grandes ríos/”.
La pieza concluye con otros guiños al brillante pasado de Laredo y a la valentía de sus gentes. “En guerra con el turco dan en Lepanto pecho; se baten sobre el Betis, penetran en Sevilla; toman con Bonifaz el Peñón del Estrecho/ en Trafalgar defienden el pabellón sagrado/ y por si fuera poco, los hijos de esta villa construyen la Invencible con el Adelantado”.
Loas y alabanzas que concluyen con un “Viva, viva, viva Laredo” que, a no mucho tardar, resonará en el estudio de alguno de los músicos pejinos a los que el alcalde, Ángel Vega, ha hecho llegar una copia para que rescaten la música contenida en una partitura felizmente rescatada del olvido.
Ilustre pejino al que se evoca con un estribillo que recitan en Laredo quienes atesoran más de cuarenta primaveras y que se resumen en aquello de: “Don Luis, ¿qué tocamos? …Lo de siempre”. Una expresión que saltó incluso al ámbito popular para referirse a la reiteración de alguien en una misma actitud o argumento, y que, en origen, aludía a aquellas siete piezas que marcaban el programa de las actuaciones de la Banda en el balcón de la antigua casa consistorial.
El Canto a Laredo es una oda que aúna los sentimientos por su villa de adopción de este nativo de Logroño que recaló en Laredo porque su padre, capitán del ejército isabelino, fue destinado a la guarnición destacada en el fuerte del Rastrillar. El tono poético y enfático de las letras se debe a otro vecino igualmente de renombre: Emilio Salcines. Hijo de “la Marraja”, suyo fue uno de los primeros estudios serios sobre los motes que de siempre han sido tan populares como apelativo del paisanaje pejino. Al igual que otros dos hermanos suyos, Emiliano optó por cruzar el charco y afincarse en Estados Unidos. Como curiosidad, su primogénito del mismo nombre ha sido primero Fiscal y luego Juez de la Corte de Apelaciones del Tribunal de Tampa, en Florida.
Loas entusiastas a la villa
“Te fundaron los celtas y cántabros bravíos/ puerto augusto, por nombre, te dieron los romanos/. Fuiste Bastión de España con flecos soberanos/ y a tu rada llegaron los mejores navíos”.
Así arranca una loa a aquel pueblo marinero del que tan orgullosos se sintieron ambos compositores. “El Quijote enaltece la sangre de los míos/ en los tiempos gloriosos de los siglos lejanos/ dejan en Nueva España Laredos Mejicanos/ y se improvisan velas sobre los grandes ríos/”.
La pieza concluye con otros guiños al brillante pasado de Laredo y a la valentía de sus gentes. “En guerra con el turco dan en Lepanto pecho; se baten sobre el Betis, penetran en Sevilla; toman con Bonifaz el Peñón del Estrecho/ en Trafalgar defienden el pabellón sagrado/ y por si fuera poco, los hijos de esta villa construyen la Invencible con el Adelantado”.
Loas y alabanzas que concluyen con un “Viva, viva, viva Laredo” que, a no mucho tardar, resonará en el estudio de alguno de los músicos pejinos a los que el alcalde, Ángel Vega, ha hecho llegar una copia para que rescaten la música contenida en una partitura felizmente rescatada del olvido.






