07 de Agosto de 2026
11:34 hs
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NOTICIAS
La muestra multidisciplinar sobre la Puebla Vieja que desde ayer y hasta el próximo 2 de junio acoge la planta baja del antiguo Ayuntamiento de Laredo es la culminación de los estudios y trabajos que alumnos de Arquitectura de la Universidad de Alcalá, guiados por la profesora cántabra Isabel Ordieres, han centrado durante los últimos meses en el Casco Histórico pejino. Una innovadora experiencia pedagógica, en la que han contado con la colaboración del Ayuntamiento de Laredo y de los vecinos de las históricas rúas, donde los futuros arquitectos han aprendido a tomar en consideración la realidad social del espacio en el que intervienen para optimizar el éxito de sus soluciones constructivas.
“Nos hemos dado cuenta de que las relaciones vecinales son el verdadero intangible que siempre ha tenido la Puebla Vieja. Y eso es lo que hay que recuperar”, explicó ayer una emocionada Isabel Ordieres. La profesora insistió en que “no vale con hacer un estudio académico, hay que ver las circunstancias actuales de la Puebla para intentar buscar soluciones”. En este sentido, destacó que “ha sido una experiencia estupenda la relación con los vecinos: ver cómo se abrían, cómo nos contaban sus preocupaciones, sus esperanzas”.
Tras alentar la creación de una Asociación de Vecinos que encarne la interlocución válida con las instituciones, anunció que este año los Cursos de Verano de la Universidad de Cantabria acogerán un ciclo centrado en la Rehabilitación, con la Puebla Vieja como referencia. Tras agradecer el apoyo del Ayuntamiento y de los ciudadanos para culminar con éxito su proyecto, instó a todos los presentes a “sacar adelante la Puebla Vieja porque es el corazón de Laredo”.
Por su parte, el alcalde, Ángel Vega, destacó cómo “con pocos medios podemos obtener grandes resultados”. Una apreciación que aplicó tanto al trabajo de los alumnos de Arquitectura como a la labor de los vecinos que recientemente han emprendido tareas de embellecimiento de la calle del Medio, como en su día hicieran con la calle Espíritu Santo. Además, anunció que, de la mano de Gesvicán, antes de fin de año se espera el arranque de la construcción de Viviendas Sociales en los solares de la confluencia de San Marcial con Ruayusera, y de ésta con Revellón.
El concejal de Cultura, Pedro Diego, destacó el ejemplo de los futuros arquitectos. “Si ellos vienen de otro sitio y se preocupan por nuestro Casco Histórico, eso es lo que debemos de hacer los de aquí: poner en valor nuestra Puebla Vieja e intentar contribuir para mejorarla, ya que es el foco de futuro, de atracción de turismo y es nuestra raíz. Es lo más importante que tenemos en Laredo para proteger y para enseñar”.
Maquetas, paneles y hojas en blanco
La exposición arranca con un estudio de la evolución urbana de la Puebla Vieja. Una enorme maqueta sintetiza lo que este enclave ha significado dentro de un contexto espacial, en una orografía tan particular enmarcada por la Atalaya y el Puerto. A continuación unos collages brindan fogonazos visuales de la percepción emocional del Casco Histórico. Un espacio en el que se han recreado siluetas de vecinos a tamaño real para dar la impresión de que son los propios vecinos quienes enseñan la Puebla Vieja. Por no faltar, no faltan ni los característicos motes con los que tradicionalmente se ha conocido a los moradores del lugar.
Otro gran mural recoge una mixtura de todas las casas de la Puebla Vieja, un compendio de lo que contiene y cómo quisieran verla los futuros arquitectos: con obreros arreglándola, gente viviendo feliz entre sus muros, con plantas por doquier, con vida. Una mesa con hojas en blanco dispuestas a acoger propuestas e ilusiones en forma de barcos de papel a suspender en un océano de esperanza brinda la oportunidad de aportar ideas a quien así lo estime. Y cierra la exposición con una síntesis de las propuestas propiamente arquitectónicas que hacen los alumnos para una de las manzanas –la destinada a viviendas sociales-. Allí se plasman soluciones que consideran operativas, sobre todo centrados en la habitabilidad: “no es un tema de imagen, sino de confort. La gente tiene que volver a vivir, saber dialogar entre lo antiguo y lo actual”.
Las reflexiones de un alumno resumen el sentido de su acercamiento profesional a la rehabilitación de Patrimonios Históricos. “Un lugar es un palimpsesto, es decir, un manuscrito que aún conserva las huellas de otra escritura anterior. Por lo tanto, el arquitecto ha de saber leer entre esas líneas o lo que queda de ellas. No podemos enfrentarnos a la realidad como si fuese una hoja en blanco a estrenar, cada vez que queremos hacer nuestra arquitectura. El método de la tabla rasa no vale. Nuestra obligación como arquitectos tiene que ser, ya no mirar o leer un lugar, sino escuchar a la gente que vive allí y que posee toda una cultura que ha pasado de unos a otros: la Tradición. Sólo si nos metemos de lleno, al 100% en el lugar y su gente podremos conocer las virtudes y los defectos, usándolos como punto de partida para actuar de manera eficaz”.
Tras alentar la creación de una Asociación de Vecinos que encarne la interlocución válida con las instituciones, anunció que este año los Cursos de Verano de la Universidad de Cantabria acogerán un ciclo centrado en la Rehabilitación, con la Puebla Vieja como referencia. Tras agradecer el apoyo del Ayuntamiento y de los ciudadanos para culminar con éxito su proyecto, instó a todos los presentes a “sacar adelante la Puebla Vieja porque es el corazón de Laredo”.
Por su parte, el alcalde, Ángel Vega, destacó cómo “con pocos medios podemos obtener grandes resultados”. Una apreciación que aplicó tanto al trabajo de los alumnos de Arquitectura como a la labor de los vecinos que recientemente han emprendido tareas de embellecimiento de la calle del Medio, como en su día hicieran con la calle Espíritu Santo. Además, anunció que, de la mano de Gesvicán, antes de fin de año se espera el arranque de la construcción de Viviendas Sociales en los solares de la confluencia de San Marcial con Ruayusera, y de ésta con Revellón.
El concejal de Cultura, Pedro Diego, destacó el ejemplo de los futuros arquitectos. “Si ellos vienen de otro sitio y se preocupan por nuestro Casco Histórico, eso es lo que debemos de hacer los de aquí: poner en valor nuestra Puebla Vieja e intentar contribuir para mejorarla, ya que es el foco de futuro, de atracción de turismo y es nuestra raíz. Es lo más importante que tenemos en Laredo para proteger y para enseñar”.
Maquetas, paneles y hojas en blanco
La exposición arranca con un estudio de la evolución urbana de la Puebla Vieja. Una enorme maqueta sintetiza lo que este enclave ha significado dentro de un contexto espacial, en una orografía tan particular enmarcada por la Atalaya y el Puerto. A continuación unos collages brindan fogonazos visuales de la percepción emocional del Casco Histórico. Un espacio en el que se han recreado siluetas de vecinos a tamaño real para dar la impresión de que son los propios vecinos quienes enseñan la Puebla Vieja. Por no faltar, no faltan ni los característicos motes con los que tradicionalmente se ha conocido a los moradores del lugar.
Otro gran mural recoge una mixtura de todas las casas de la Puebla Vieja, un compendio de lo que contiene y cómo quisieran verla los futuros arquitectos: con obreros arreglándola, gente viviendo feliz entre sus muros, con plantas por doquier, con vida. Una mesa con hojas en blanco dispuestas a acoger propuestas e ilusiones en forma de barcos de papel a suspender en un océano de esperanza brinda la oportunidad de aportar ideas a quien así lo estime. Y cierra la exposición con una síntesis de las propuestas propiamente arquitectónicas que hacen los alumnos para una de las manzanas –la destinada a viviendas sociales-. Allí se plasman soluciones que consideran operativas, sobre todo centrados en la habitabilidad: “no es un tema de imagen, sino de confort. La gente tiene que volver a vivir, saber dialogar entre lo antiguo y lo actual”.
Las reflexiones de un alumno resumen el sentido de su acercamiento profesional a la rehabilitación de Patrimonios Históricos. “Un lugar es un palimpsesto, es decir, un manuscrito que aún conserva las huellas de otra escritura anterior. Por lo tanto, el arquitecto ha de saber leer entre esas líneas o lo que queda de ellas. No podemos enfrentarnos a la realidad como si fuese una hoja en blanco a estrenar, cada vez que queremos hacer nuestra arquitectura. El método de la tabla rasa no vale. Nuestra obligación como arquitectos tiene que ser, ya no mirar o leer un lugar, sino escuchar a la gente que vive allí y que posee toda una cultura que ha pasado de unos a otros: la Tradición. Sólo si nos metemos de lleno, al 100% en el lugar y su gente podremos conocer las virtudes y los defectos, usándolos como punto de partida para actuar de manera eficaz”.






