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LA CAMPAÑA DE CONTROL DE GAVIOTAS PROVOCA UN DESCENSO DEL 40% DE NIDOS
20 de Junio de 2012
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De casi un centenar de nidos detectados en el año 2006, a apenas cuarenta descubiertos durante la presente campaña, aún sin finalizar. Este es el alentador balance que ofrece la iniciativa de control de natalidad de las gaviotas patiamarillas impulsada por el Ayuntamiento de Laredo. Una batalla que comienza a arrojar sus frutos merced a la experiencia y los conocimientos acumulados por los profesionales que, desde hace un lustro, conocen al dedillo cada uno de los tejados de Laredo.
La concejal de Medio Ambiente, Pilar Santisteban, se muestra satisfecha con unos resultados que, a la espera del cierre definitivo de la campaña de este año, evidencia una notable curva descendiente de actuaciones. “Está claro que insistir una y otra vez nos está ayudando a poner coto al problema. Hay que pensar que cada nido retirado equivale a evitar del orden de tres nuevos ejemplares de una especie longeva y que apenas tiene depredadores”, recuerda Santisteban.
Uno de los protagonistas de este logro desde sus inicios es Julen Zuberogoitia, gerente de Euskal Falcon, empresa contratada por su acreditado bagaje en intervenciones similares en otros pueblos costeros afectados por la misma superpoblación de gaviotas. Su labor pasa desapercibida salvo en aquellas comunidades de vecinos aquejadas por los notables problemas que causan estas incómodas inquilinas de sus cubiertas y tejados. “Por un lado está el griterío, ensordecedor, sobre todo en la época de celo y cría, cuando arrancan a las cinco de la mañana”, explica Julen. Junto a este problema “ambiental” se unen los desperfectos que los nidos acaban ocasionando al obstruir canalones y bajantes, con los consiguientes gastos que suponen para los inquilinos del inmueble. “Aunque el principal problema es, desde luego, el sanitario: se alimentan de desechos, y son potenciales transmisores de distintas enfermedades”.
Su trabajo se concentra en las semanas que coinciden con la época de puesta de las gaviotas. Previamente, allá por el mes de abril, otean los distintos enclaves que potencialmente pudieran ser usados por las parejas para ubicar sus nidos. “Nos basamos en las referencias que tenemos anotadas de otros años, y siempre intentamos detectar nuevas ubicaciones”. Una vez trazado el plan, los profesionales de esta empresa cuentan con el reloj biológico de esta especie como su gran aliado. “Tenemos la suerte de que el 90% de las parejas efectúan su puesta en un margen de diez días”. Tan sorprendente sincronización permite ajustar la intervención sobre los nidos garantizando un éxito total en cuanto a la erradicación de huevos se refiere. Basta con dejar ese margen de diez días y ponerse manos a la obra: “No te puedes adelantar, porque los más rezagados quedarían sin retirar. Y tampoco te puedes retrasar, porque darías pie a que los más adelantados ya hubiesen roto el cascarón”.
Perseverar
Lo explica en la cima del tejado de la urbanización “Casablanca”, con una espectacular panorámica de la playa de Laredo a sus pies. Un lugar de desbordante belleza en el que, como excepción, acaba de detectar dos crías que, siguiendo el protocolo,deberá llevar al Centro de Recuperación de Fauna Silvestre. “Resulta paradójico, pero la legislación es taxativa: estamos ante una especie que goza de gran protección y no se pueden sacrificar”, explica. En este caso, los vecinos tardaron en avisar de la presencia del nido e hicieron imposible actuar a tiempo, tal y como corrobora el propio conserje del inmueble, cooperador improvisado en la captura de los ejemplares.
Recién finalizada la primera batida de nidos, ahora toca aguardar a una segunda oleada: “El 70% de las parejas repiten,sólo un 30% rehúsa”. Todo ello lo explica bajo la amenazante presencia de una bandada de gaviotas revoloteando varios metros sobre nuestras cabezas. “El casco forma parte de nuestra indumentaria. Los ataques proliferan, sobre todo cuando está a punto de romperse el huevo”, refiere Julen. De hecho, según explica, “son muchos los antenistas que rehúsan a trabajar en los meses de mayo y junio, por temor a estos ataques”. “No conviene relajarse”, concluye.
De seguir el plan trazado, en unos pocos años logrará mantenerse a raya la progresión de una especie que forma parte del paisaje de las poblaciones costeras, pero que en los últimos tiempos ha agudizado su irrupción en el interior del casco urbano. “No queda otra que perseverar en el empeño: o se actúa, o su proliferación sería imparable”, señala.






