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LA BATALLA DE FLORES COSECHA EN SANTANDER SU VICTORIA MÁS TEMPRANERA
29 de Julio de 2012
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Con un arsenal integrado por miles de flores y toneladas de ilusión, la avanzadilla del ejército de carrocistas y colaboradores de la Batalla de Flores desplazada el pasado viernes a Santander se anotó uno de los triunfos festivos más madrugadores de los que se recuerdan en sus 103 años de historia. El alcalde de la capital de Cantabria, Iñigo de La Serna, que se animó a clavar algunas flores demostrando maneras de colaborador de lujo de la fiesta, fue sólo uno de los cientos de santanderinos y visitantes que se rindieron de mil amores ante la espectacularidad de una exhibición desplegada en pleno centro de la plaza del Ayuntamiento.
Junto a él, su homólogo laredano, Ángel Vega, se mostró exultante de poder comparecer con la Batalla de Flores “en la capital más bonita de España”. Sus palabras tuvieron más resonancia que nunca merced a la numerosa presencia de medios de comunicación desplazados para dar cobertura a una iniciativa de la concejal de Turismo y Festejos, Laura Recio, a la que se sumaron con entusiasmo los carrocistas que cada año protagonizan un desfile de ensueño.
El éxito de la escaramuza festiva dio lugar a una contienda floral cuyo saldo fue claramente favorable a los intereses pejinos. Así, por cada ejemplar de dalias y clavelones clavado en las figuras,la quincena de artesanos que firmaron la hazañarecibió un aluvión de flores en forma de palabras de admiración por un trabajo que a la mayoría de los transeúntes le resultó maravillosamente desconcertante.
Ni siquiera ante la evidencia de tener a su alcance la cosecha de proyectiles naranjas, amarillos y blancos dejaron de arreciar las preguntas sobre el carácter natural o artificial de las joyas empleadas en semejante derroche de arte. En orden de reiteración de comentarios destacó el relativo al destino del millón largo de flores que cada último viernes de agosto se convierten en la más deslumbrante vestimenta de la veintena de carrozas que desfilan en el circuito de la Alameda de Miramar. A muchos les sobrecogió descubrir la fugacidad de unas obras que, precisamente en ese carácter efímero contienen una de las claves de su incomparable valor.
Otro de los lugares comunes entre quienes se animaban a departir con los protagonistas de la fiesta era reconocer que la conocían “de oídas” pero que nunca habían reparado en su auténtica esencia. Muchos acabaron sobrecogidos al contemplar en el vídeo proyectado en gran formato y en el cartel anunciador de la presente edición la auténtica dimensión de las carrozas. Siete metros de alto, por ocho y medio de largo, por cinco metros de ancho incapaces de contener la marea de piropos y expresiones de admiración recabadas en la propia plaza.
Aunque si hubo una reacción que triunfó entre todos los asistentes fue la de inmortalizar la ocasión con todo tipo de dispositivos. Muchos añadieron a ese recuerdo gráfico otro mucho más tangible: las flores. Culminadas las piezas y ante el excedente de material, los carrocistas tuvieron a bien ofrecérselas a su público. Algunos no salían de su asombro ante semejante derroche. Otros insistían, sin éxito, en pagar por unos ejemplares que acababan llevándose gratis enfundadas en una agradecida sonrisa. Y fueron muchos los que, programa de fiestas en mano, hicieron votos por estar el próximo 31 de agosto en Laredo para descubrir esta Fiesta de Interés Turístico Nacional en toda su dimensión. Un triunfo por todo lo alto. ¡Espectacular!
El éxito de la escaramuza festiva dio lugar a una contienda floral cuyo saldo fue claramente favorable a los intereses pejinos. Así, por cada ejemplar de dalias y clavelones clavado en las figuras,la quincena de artesanos que firmaron la hazañarecibió un aluvión de flores en forma de palabras de admiración por un trabajo que a la mayoría de los transeúntes le resultó maravillosamente desconcertante.
Ni siquiera ante la evidencia de tener a su alcance la cosecha de proyectiles naranjas, amarillos y blancos dejaron de arreciar las preguntas sobre el carácter natural o artificial de las joyas empleadas en semejante derroche de arte. En orden de reiteración de comentarios destacó el relativo al destino del millón largo de flores que cada último viernes de agosto se convierten en la más deslumbrante vestimenta de la veintena de carrozas que desfilan en el circuito de la Alameda de Miramar. A muchos les sobrecogió descubrir la fugacidad de unas obras que, precisamente en ese carácter efímero contienen una de las claves de su incomparable valor.
Otro de los lugares comunes entre quienes se animaban a departir con los protagonistas de la fiesta era reconocer que la conocían “de oídas” pero que nunca habían reparado en su auténtica esencia. Muchos acabaron sobrecogidos al contemplar en el vídeo proyectado en gran formato y en el cartel anunciador de la presente edición la auténtica dimensión de las carrozas. Siete metros de alto, por ocho y medio de largo, por cinco metros de ancho incapaces de contener la marea de piropos y expresiones de admiración recabadas en la propia plaza.
Aunque si hubo una reacción que triunfó entre todos los asistentes fue la de inmortalizar la ocasión con todo tipo de dispositivos. Muchos añadieron a ese recuerdo gráfico otro mucho más tangible: las flores. Culminadas las piezas y ante el excedente de material, los carrocistas tuvieron a bien ofrecérselas a su público. Algunos no salían de su asombro ante semejante derroche. Otros insistían, sin éxito, en pagar por unos ejemplares que acababan llevándose gratis enfundadas en una agradecida sonrisa. Y fueron muchos los que, programa de fiestas en mano, hicieron votos por estar el próximo 31 de agosto en Laredo para descubrir esta Fiesta de Interés Turístico Nacional en toda su dimensión. Un triunfo por todo lo alto. ¡Espectacular!






