06 de Agosto de 2026
22:16 hs
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La presentación del “Libro de Fábrica de la Iglesia Parroquial de Santa María de Laredo (1561-1597)” se convirtió ayer en uno de los acontecimientos culturales más relevantes del año en la villa pejina. La obra, que hace el número once de los libros escritos por el laredano Baldomero Brígido Gabiola, Doctor en Historia y director del Archivo Municipal, es una herramienta imprescindible como fuente documental de primer orden para el conocimiento de la vida y la mentalidad de las gentes de Laredo en la segunda mitad del siglo XVI.
Tal fue la expectación levantada ante la última entrega del historiador con más trabajos firmados sobre la historia de Laredo, que el público abarrotó el salón de actos de la Casa de Cultura Doctor Velasco. Junto al autor, presidieron la puesta de largo el alcalde de Laredo, Ángel Vega, el concejal de Cultura, Pedro Diego, el Doctor y Académico de la Real Academia de la Historia, Javier Ortiz Real y el párroco de la iglesia Santa María de Laredo, Romualdo Fernández.
Ángel Vega expresó su gratitud al autor “por este delicioso trabajo” con el que “Laredo rescata nuevos datos de gran valor sobre su pasado”. Además, el mandatario pejino avanzó que habrá nuevas entregas a cargo del propio Baldomero Brígido, en sintonía con el ruego que al comienzo de la legislatura le realizó el concejal de Organización, Ramón Arenas, de incentivar esa faceta investigadora. Por su parte, el concejal de Cultura, Pedro Diego, recordó que estamos ante el “escritor más prolífico que tenemos en Laredo” y destacó que “en el futuro, cualquier persona que quiera hablar o escribir sobre Laredo, obligatoriamente tendrá que conocer la obra de Baldomero Brígido Gabiola”.
El párroco Romualdo Fernández dio lectura a un escrito del obispo, Vicente Jiménez Zamora, quien no pudo asistir a la presentación, en el que el prelado destacó que “la obra nace del amor que el autor siente hacia su patria chica” y en la que resaltó su redacción “con todo rigor académico”. Por su parte, don Romualdo, invitó a contemplar la obra “no con nuestros ojos del siglo XXI, sino haciendo un esfuerzo por comprender la mentalidad de aquella época”. Finalmente, Javier Ortiz Real, Académico de la Historia y coautor con Baldomero de otros libros sobre la historia de Laredo, destacó como uno de los mayores méritos del libro es que “a través de él, hablan las propias fuentes documentales”. Unos y otros fueron testigos de la emoción que embargó al autor cuando saludó a su madre, presente la sala, “una de tantas mujeres de Laredo que han trabajado para la Iglesia”, para, a continuación, dedicar el libro “a mi mujer y mis hijas, mentoras silenciosas de estas páginas”.
Datos valiosos
El códice es la transcripción de uno de los llamados “libros de fábrica” en el que se detallan los derechos o la renta que se cobraba para sufragar los gastos del templo. Este libro proporciona riquísima información relativa a los aspectos económicos del centro religioso. Pero también brinda valiosa información para el conocimiento de las formas de vida, de la mentalidad, las costumbres, tradiciones, creencias y rituales del tramo final del siglo XVI en Laredo. Costumbres como la de decir misa al amanecer “para que los mareantes y gentes de trabajo la vayan a oír”.
En la obra asoman cientos de personajes con sus oficios y actividades, entre ellos, lógicamente, los relacionados con la propia iglesia como son sus clérigos, organista y chantre (cantor) pero también el sacristán (obligado a dormir en la iglesia) la fraila o el sepulturero, entre otros. En paralelo, aparecen referencias a la existencia de incendios o pestes, a diferencias con la Cofradía de Mareantes y Pescadores sobre hacer éstos sus reuniones en la Ermita de San Martín o la de Sancti Spiritus, o con el Ayuntamiento sobre el pago del relojero y otros asuntos.
En las cuentas de los mayordomos aparecen de manera detallada todos los ingresos y gastos de la iglesia, hasta el punto de declarar incluso la naturaleza y procedencia del hilo con que se cosían vestidos y ornamentos. Se consigna la procedencia de Brujas, Brabante y Florencia de lienzos y paños para la iglesia, o incienso de Flandes, o la compra en Burgos de misales y libros de conjuros. También se pone de manifiesto la devoción de los feligreses y la enorme generosidad de los laredanos en sus aportaciones económicas con la Iglesia. Entre otras muchas curiosidades, es la primera vez que aparecen inventariados los dos ambones con sus águilas que aún hoy presiden el altar mayor, y que refrendan la tradición popular que atribuye su origen a una donación de Carlos V en uno de sus visitas a la villa pejina.






